viernes, 26 de agosto de 2011

"Los Grope", de Tom Sharpe


Más esfuerzo hay en esta opinión que el demostrado por Tom Sharpe al escribir "Los Grope".

Sí, se trata de una novela de humor, pero en vez de reírse los lectores, le tocaba el turno al escritor y a los editores. Qué tomadura de pelo.

A quién quiere engañar, si el único perjudicado es él. A mí no me ha timado. Pagué cinco euros en "El trueque", una pequeña librería de segunda mano sita en el barrio de Santa Cruz de Sevilla, regentada por una californiana muy agradable que está liquidando las existencias mientras intenta traspasar el negocio infructuosamente; como consecuencia de la legislación arrendataria, una librería de viejo menos y una tienda de camisetas y recuerdos más.

Tom Sharpe estaba dando muestras de agotamiento. La repetición de personajes, temas y situaciones restaba sorpresa y gracia. El cansancio es comprensible, y no siempre se va a acertar. Pero "Los Grope" es algo mucho peor.

Algo que afecta fundamentalmente a su prestigio. Quien se acerque a su obra y comience por esta obra posiblemente, y con razón, no vuelva a intentarlo y cuestionará además el criterio de los que nos hemos reído a carcajadas, de los que hemos llorado de risa con algunos fragmentos de su famoso "Wilt" y, sobre todo, de las obras que transcurren en la Sudáfrica del Apartheid, "Reunión tumultuosa" y "Exhibición impúdica".

Tom Sharpe no es un autor comprometido, no hace crítica social, ni tiene ánimo constructivo, reformador, y mucho menos pretensiones estéticas. Simplemente dispara a todo lo que se mueve, no respeta nada ni a nadie, ridiculiza instituciones, estamentos y estratos sociales, y los personajes tienen una personalidad definida por un único rasgo llevado al extremo, lo cual les abocaba a situaciones límites con consecuencias tremendas, felices o infelices, afortunadas o trágicas.

En "Los Grope" ya no queda nada de ese humor gamberro y cruel. Tom Sharpe, pero, con el mismo efecto, podría haber sido cualquiera conocedor de los mecanismos y recursos, sencillos pero eficaces, utilizados por éste, los ha intentado utilizar en una historia con los elementos propios de sus obras anteriores, pero con un resultado fallido. Y no sólo porque se trate de tipos y técnicas reconocibles y redundantes, sino principalmente porque la historia no está trabajada, desarrollada, explotada, con lo que las situaciones son desaprovechadas y no están explicadas o justificadas, los personajes no son exprimidos y, lo nunca visto en este escritor, ahora son incongruentes e inconsistentes, cuando siempre habían sido radicalmente unidireccionales y consecuentes.

Tiene toda la pinta de ser una obra de encargo, un compromiso con sus editores, que le habrá reportado un buen dinero, pero que más daño le hace a su crédito y reputación. Con lo que has ganado, si no tienes nuevas ideas, las que se te ocurren no son buenas o no tienes ganas de esforzarte, no sigas publicando, no lo necesitas.

Más información sobre: "Los Grope" y Tom Sharpe

sábado, 13 de agosto de 2011

"Un día me esperaba a mí mismo", de Miguel Ángel Ortiz Albero

Ante el primer volumen publicado por una pequeña y nueva editorial, Jekill & Jill Editores, la querencia es ser benévolo y condescendiente. Y esa era por supuesto mi intención, más si son mañicos. No ha sido necesario.

"Un día me esperaba a mí mismo" es un gran libro. Sólido, profundo, elaborado, muy original en su planteamiento y doblemente eficaz, tanto por su estructura, planteada como una compilación documentada de recuerdos y testimonios, como por su contenido.

Un libro refinado, por fuera y, fundamentalmente, por dentro; que habla de amor y de poesía, del amor por la poesía, mas también de muchas otras cosas, de la amistad, de las ganas de vivir, de la guerra, del arrojo, de la resignación y del fin de una época, de la pérdida de la inocencia que para la humanidad supuso la Gran Guerra.

Miguel Ángel Ortiz Albero pone en boca de Guillaume  Apollinaire sus propios versos, creando una figura mítica con un habla hermoso y épico. Y con esta naturalidad conviven prosa y una poesía comprensible al estar integrada en el contexto, con lo que resulta una forma provechosa de acercarse e interesarse por el personaje real y su obra.

Una poesía amplia que abarca diversos temas, según las necesidades, agrupados en dos fundamentales, el amor y la guerra, y que evoluciona. "Ese ritmo, que marcaban antes las calles y los barrios de París, sus casas y sus sótanos, era ahora el ritmo de las detonaciones, las esquirlas y el zumbido de las balas, el de las ramas tronchadas y el silencio de los ramales". (página 74-75)

Los poemas amorosos, en algunos casos explícitamente sexuales, son el instrumento para mantener la cordura o la demostración de que definitivamente se ha enloquecido de deseo, el mecanismo para evadirse o para anclarse a la realidad y recordar porqué se está luchando. Los poemas de guerra comprenden materias como el compañerismo, la valentía, el heroísmo o el horizonte, como esperanza o como destino final.

Y todo en un marco narrativo sobrio e impecable, que describe la candidez de la sociedad previa a la contienda, los inhumanos campos de batalla, un mundo donde las brújulas no indican el norte y los mapas señalan lugares que ya no existen, y la enumeración de los elementos sociales intervinientes, incluso los que alientan, manejan y se benefician, los que tienen tratos con cualquiera sin casarse con nadie y que no eluden los sacrificios pero se avergüenzan de las consecuencias. La prosa además demuestra que el amor  desaparece por causas físicas, que el desamor puede ser diagnosticado como secuela.

Es cierto que este texto tiene difícil de ubicación en las líneas editoriales de las grandes editoriales, también de las pequeñas, que sólo encuentra acogida en una valiente minúscula aventura. Y lamentable e injusto es que, por esto, pese a tener una calidad superior a la inmensa mayoría de lo que se publica está condenado a pasar desapercibido.

Por último, por ser puntilloso, señalar una ridícula incongruencia. Al comienzo del párrafo 145 (pág 106) se indica que la herida se produjo el 17 de marzo mientras leía el último ejemplar del Mercure de France, que como se dice en el párrafo 147 (pág 108), es de fecha 16 de marzo. Eso no concuerda con lo señalado en el párrafo 160 (pág 116), cuando el narrador recuerda al poeta con ese ejemplar "un par de días antes del estallido y de la herida" en la mano y cómo se lo leyó.

miércoles, 20 de julio de 2011

"La nueva taxidermia", de Mercedes Cebrián


"La nueva taxidermia" es como su portada. Lo que ven fuera es lo que van a encontrar dentro. Si es de su gusto el exterior les satisfará lo qué cuenta y cómo lo cuenta Mercedes Cebrián.

A mí me gustó la portada y por eso lo compré. Me gustó la preocupación por el diseño, la alusión a la moda, el aire vintage y algo chic, con una pizca de humor, y evocador de los recortables infantiles. Todo eso lo hay también en el interior: Inteligencia, gusto, elegancia y equilibrio.

"La nueva taxidermia" consta de dos, como la Editorial Mondadori publicita, nouvelles, término que remarca que son algo más que dos relatos, tanto por su longitud como por la profundidad y densidad de su contenido. Ambos textos tratan cómo las personas se enfrentan al medio que les disgusta o les inquieta, y la estrategia adoptada para resolver la cuestión es distinta en cada historia, en un caso modificar y alterar ese entorno y, en el otro, fabricar los útiles necesarios para defenderse y comunicarse.

Pero hay mucho más. Mercedes Cebrián aprovecha para evidenciar y ridiculizar la sociedad y cultura actual, a lo peor demasiado actual y focalizada en un instante concreto, la cual es revisada de arriba a abajo, desde aspectos generales como las relaciones personales, la incomunicación o la soledad, hasta cuestiones más concretas y materiales, el sometimiento al consumo, las modas y el diseño, conceptos que debidamente combinados dan lugar a las tendencias, las perfectas herramientas para una manipulación indolora.

Y todo eso lo hace con un pleno dominio del lenguaje y la sintaxis que le permite controlar el tono adecuado en cada momento, mordaz, reflexivo, frívolo o nostálgico, y dosificar el mensaje.

El resultado son "Qué inmortal he sido" y "Voz de dar malas noticias", unos textos amenos y fluidos, con unas descripciones agudas, sutilmente irónicas o abiertamente crueles que recuerdan a otro autor de la casa, el Javier Calvo de "Mundo maravilloso" y, en menor medida, de "Corona de flores". Cierto que éste es más exagerado, pero utiliza referencias más obvias o clásicas, que soportan el paso del tiempo, a diferencia de Mercedes Cebrián, cuyas imágenes tienen pleno sentido para una generación, pero su significado y connotaciones se perderán para las siguientes o no son ya completamente comprendidas por las anteriores, por ejemplo lo relativo al sistema educativo de los ochenta o a unos gustos decorativos muy concretos.

El tiempo dará o quitará razones. Yo, que comparto promoción con Mercedes, he disfrutado con la lectura.

miércoles, 13 de julio de 2011

"Claus y Lucas", de Agota Kristof


Agota Kristof es una escritora de origen húngaro, país del cual escapó junto con su marido e hija recién nacida a los veintiún años, en 1956.

Y mucho de ella hay en esta admirable e impactante obra, profunda y, a la vez, de muy fácil lectura.

"Claus y Lucas" reúne en un volumen tres textos publicados inicialmente por separado. Y el resultado es algo más grande y pleno de sentido.

Leídos individualmente, "El gran cuaderno" es un sorprendente y muy interesante cuento cruel y amoral sobre la guerra y los efectos en las personas, una colección de ejercicios de redacción escolares que sin necesidad de juicios morales, simplemente con una sintaxis elemental y un vocabulario preciso y objetivo evidencia el relativismo, la hipocresía, crueldad y deshonestidad de una sociedad sometida a una situación extrema.

"La prueba" sería un meritorio y convencional retrato de un pueblo que, sin poder recuperarse de la pérdida de valores que produjo la guerra, es sometido al absolutismo comunista que embota los sentimientos y afanes individuales. 

Sin referencias previas "La tercera mentira" no tendría sentido, la fuerza de las metáforas se diluiría, la delicada demostración de cómo la literatura se nutre de la realidad en el proceso creativo se perdería, y tal vez únicamente se entendería el papel del arte como medio de evadirse de una realidad insoportable. Su razón de ser es completar, explicar y rematar lo anterior.

Los tres textos forman una unidad. Y así deben ser leídos, conjuntamente y en orden, para que se puedan comprender plenamente el sentido y todas las intenciones de la obra, la profundidad de sus significados, y apreciar una estructura que evoluciona y agranda, se enreda y enriquece, con cambios de puntos de vista, saltos temporales y alternancias entre sueño y realidad.

Una explicación de porqué se publicaron a medida que iban siendo escritos sería que esta historia fuera creciendo y obsesionando a la autora, que los personajes la persiguieran reclamando y exigiendo que viera las posibilidades y aprovechara para saldar cuentas propias. Y el fruto de esta lenta decantación es una novela sencilla, hermosa en su brutalidad e impiedad, abierta a interpretaciones y que denuncia las injusticias que se han cometido en Europa en buena parte del siglo XX.

Más información sobre: "Claus y Lucas" y Agota Kristof