miércoles, 18 de enero de 2012

"Crímenes", de Ferdinand von Schirach

Ediciones Salamandra ha publicado "Crímenes". Su autor, Ferdinand von Schirach, un prestigioso abogado alemán especializado en la defensa de causas penales, describe en los once relatos que lo conforman algunos de los casos que, por una razón u otra, considera ejemplares. En Alemania ha sido un éxito. Aquí ha sido incluido en alguna lista de los mejores libros de 2011.

Cuanto más lo medito menos me gusta. Si pospongo la redacción de esta entrada acabaré siendo injusto. Dejémoslo en que es entretenido, fácil de leer, muy bien escrito, pero contradictorio y tramposo.

Sobre la forma, sobre el cómo está escrito, nada se puede reprochar. El estilo es puro, desnudo, directo a los hechos, sin desvíos. Son apenas ciento cincuenta páginas, y en ese espacio caben once historias y un prólogo. Aproximadamente, doce páginas son las que necesita para la exposición del caso, la explicación de algún asunto procesal o de otro tipo legal, y la conclusión.

Impecable. La sencillez y precisión con la que están relatados los hechos son estimulantes y doblemente sorprendentes. Por un lado demuestra que es posible alcanzar cotas muy altas de calidad literaria, presentar imágenes hermosas, poéticas incluso ("La espina"), con la valiente elección de un estilo parco y austero. El resultado es original en su normalidad, moderno por su academicismo y ortodoxia.

Por otro lado está la dificultad que esta opción entraña, acrecentada al tratarse de una primera obra. Un autor novel corre el riesgo de dejarse llevar, de exhibirse, de intentar demostrar lo buen escritor que es. Aquí se ha impuesto la experiencia profesional, los años previos redactando escritos y recursos, la cual se refleja tanto en la sobriedad como en la solidez. También en algo sobre lo que se incidirá más adelante.

Y todo esto al servicio de qué. Según el prólogo, Ferdinand von Schirach trata de mostrar lo frágil que es la estabilidad en que vivimos. En algunos casos, las decisiones equivocadas pueden arruinarnos ("Fähner", "Suerte"). En otros la enfermedad se impone a la voluntad, y la aceptación de ayuda puede salvarte ("Verde"), como el rechazo condenarte ("Amor"). Está preocupado por exponer las dificultades que entraña la administración de justicia ("El etíope"), la cual puede errar ("Summertime"), ser sorteada ("El erizo") o aplicada por uno mismo ("El cuenco de té de Tanata"). Pero la idea principal que preside la obra es de la culpabilidad y su complejidad, por ser un concepto relativo ("El violonchelo") en el que hay que tener en cuenta las circunstancias ("La espina").

Dónde están, pues, la contradicción y trampa. La contradicción está en que si bien "la mayoría de las cosas son complicadas, y la culpabilidad es siempre un asunto peliagudo", según palabras de su tío juez, intenta en cambio demostrar esto mediante unas historias sencillas, tanto en la forma como en el fondo. Y la trampa, en esas maneras limpias e inocentes, aparente objetivas y apabullantemente rotundas, que anulan la dialéctica e impiden el debate. Sólo dos relatos, los más noir y moralmente ambiguos, "El cuenco de té de Tanata" y "Legítima defensa", dan margen a la controversia.

No ha de olvidarse que el autor es un abogado defensor, ducho en el uso de esas artes, en verdad tendenciosas y sutiles, encaminadas siempre a alcanzar una meta concreta: Que los destinatarios lleguen a una conclusión determinada. Ante aquéllos que piensan que los abogados defensores "no son más que frenos en el coche de la justicia", Ferdinand von Schirach quiere demostrar que "sin frenos un coche no sirve para nada" (página 88). Para evidenciar no sólo lo necesaria que es su tarea, sino lo gratificante, nos habla de los defendidos suyos útiles para su propósito. Nada se sabe de los otros defendidos que, teniendo igualmente derecho a una defensa, no sean tal vez tan merecedores de ella.

La defensa legal es más de lo que se enseña en "Crímenes". El propio autor, con el gesto final de "Legítima defensa" reconoce que a veces se está cerca del lado de gente que da asco. Seguramente la ley le impide hablar de ellos. No es excusa. Si no puedes hablar de ellos no escribas un libro que cojea.

Más información sobre: Ferdinand von Schirach y "Crímenes"

sábado, 14 de enero de 2012

"Esperanto", de Rodrigo Fresán


Sentía mucha curiosidad por Rodrigo Fresán, responsable de "Roja & Negra", una de las colecciones de novela criminal más interesantes en la actualidad, junto con la de RBA y la básica de bolsillo de Akal, que recuerda, no sólo por los colores, a la mítica "Crimen & Cía" de Versal pero con mejor papel y en edición cosida, mojándoles por esto la oreja a las otras dos, que se les tenía que caer la cara de vergüenza a esos dos gigantes.

Se me ha presentado la ocasión en forma de obsequio de las reediciones, corregidas y aumentadas, que Mondadori ha publicado de "Esperanto" y "Mantra". Escogí "Esperanto" por cuestión de tamaño. Según explica el autor en la nota final, por considerar este libro "un milagro dentro de mi obra. Y con los milagros no se juega", las enmiendas son pequeñas, los añadidos breves y las correcciones mínimas.

Si las correcciones del autor son mínimas, las de los editores insuficientes, porque mi ejemplar contiene varias erratas: Guiones mal colocados o ausentes (páginas 47 y 50), errores en la puntuación (página 51), un "porque" separado (página 83), un silencio (-...) omitido en el diálogo de la página 122 y, salvo que la RAE siga persiguiendo y exterminando esas pobres tildes que no hacen daño a nadie y que evitan anfibologías, un "sí" sin tildar (página 130).

Rodrigo Fresán no decepciona. Uno se había hecho a la idea, preconcebida y mal fundada, absurda, de que iba a encontrarse con una novela de género, algo al estilo de lo que se supone le gusta porque lo escoge para publicarlo. Pues no. O sí. No siendo una novela negra ortodoxa, ni heterodoxa siquiera, sí que hay mucho de lo que se busca y se encuentra en las novelas más clásicas de ese género: el comienzo, los personajes, un protagonista cínico y maldito, su mastodóntico, simple y fiel compañero, mujeres fatales, adictas y adictivas, los ambientes, los espacios, pero sobre todo las descripciones y los ácidos diálogos.

Rodrigo Fresán sólo pide un poco de paciencia y esfuerzo. A cambio te recompensa con creces. Paciencia y esfuerzo para superar un primer capítulo áspero y difícil. Y es que los domingos son el peor día de la semana, peores incluso que los lunes, y aquí se demuestra conteniendo los fragmentos más oscuros, delirantes, arriesgados, sinceros, crípticos y poéticos del libro. Fresán arroja a la cara del lector un puñado de piezas de puzle, desde el inicio brillantes, ingeniosas y llenas de literatura, para que éste forme el cuadro.

Por supuesto, no te las da todas. Con las primeras no es posible componer una imagen reconocible. Va a ser necesario que pase una semana, y a lo largo de esos siete días, por medio de sucesivas vueltas a atrás (el mismo principio es el epílogo, con lo que el resto constituye, todo ello, un flashback), te va a ir dando, eficazmente dosificadas, las piezas restantes, la información necesaria, manteniendo el control y captando tu atención, intercalando dosis de humor del tipo "caca, culo, pedo, pis" pero efectivo, hasta un final que no sorprende por consecuente.

Poco a poco lo se va formando es una estampa dual, con dos mujeres, dos canciones, dos playas, dos amores, dos niñas, dos tragedias, dos psiquiatras, enmarcada por dos domingos que son, en realidad la misma fecha.

El resultado es la pesadilla argentina. La consecuencia de aplicarle un purgativo, un buen y caliente enema a ese país por Bariloche, es este angustioso, onírico y terapéutico mosaico con todos los traumas, secuelas, obsesiones y excesos de la sociedad argentina del último tercio del siglo pasado. Menos el fútbol, está lo demás: las estancias, el psicoanálisis, la política, las Malvinas, las drogas, los militares, los desaparecidos, y, destacando, la música, que sirve de pretexto para insertar interesantes reflexiones sobre el proceso creativo, sobre trascendencia o irrelevancia de las artes o sobre la mitificación de los artistas.

Entretenido, ilustrativo, esclarecedor este "Esperanto" de Rodrigo Fresán, y merecidos los elogios que sobre él se puedan leer. A ver que nos depara "Mantra". Pero no hoy, mañana.

sábado, 7 de enero de 2012

"Las cuatro esquinas", de Manuel Longares


Europa Press, Madrid 19 de octubre de 2011, miércoles:

"Las cuatro esquinas", de Manuel Longares, ha sido galardonado con el Premio Libro del Año del Gremio de Libreros de Madrid. El jurado ha querido homenajear la obra de un escritor con una gran trayectoria literaria.

Reconocen, por tanto, al autor y al conjunto de su obra. Si es así, lo respeto, pero conste que lo hacen por medio de una obra menor. Una obra menor en la que Manuel Longares, sin duda, demuestra, no sólo oficio sino maestría escribiendo. También frialdad y distanciamiento con los personajes y sus vivencias.

Y es que a Manuel Longares se le nota demasiado su preocupación por escribir bien, muy bien, descuidando otros aspectos. No tanto la historia, que también, como la elección de la voz adecuada. Rígido, petulante, orgulloso y seguro de sí, sacrifica el fondo en favor de la forma. Sus páginas supuran una obsesión por batir a Proust en a ver quién la tiene más larga (página 120). El tamaño no importa. Más le valdría emular la capacidad de éste para emocionar, para transmitir sensaciones, sentimientos y no conformarse con ofrecer una pizca de humor.

"Las cuatro esquinas" son cuatro relatos. Según el prólogo, esta vez llamado propuesta, uno por cada etapa de la vida, infancia, juventud, madurez y vejez. También por cada una de las últimas veintenas de nuestra historia inmediata.

El nivel es desigual mas ordenado, señalando un patente declinar. La calidad de los relatos decae y la causa no es que unos periodos sean más relevantes que otros. Todos son literariamente interesantes; los primeros años del franquismo, duro, revanchista y vengativo, el embrionario antifranquismo, inocente e iluso, la prudente, timorata y conciliadora transición o el desolador y polarizado momento actual.

Sorprendentemente, cuanto más hacia atrás tiene que ir el autor, mientras los recuerdos son el fundamento de la historia, los dos primeros relatos están anclados a la realidad y son representativos de los momentos en los que están situados. En cambio, a medida que se acerca a la actualidad, cuando se atisba libertad, el mundo se agranda y mayor es también el margen que se le da a la imaginación y a la creatividad, más anecdóticos son los cuentos y menor su capacidad de reflejar una época.

Además de un título, Manuel Longares les otorga, en dicha propuesta inicial, un rasgo definitorio. Así, el primero, "El principal de Eguilaz", el más logrado y mejor resuelto, el único que conmueve en alguna medida y en el que lo contado se impone a cómo se cuenta, está protagonizado, según su autor, por la miseria, tanto física como moral, y sobre todo por el miedo producido por la consiguiente inseguridad.

Sobre la inocencia trataría el segundo, "El silencio elocuente". También acierta Manuel Longares reflejando y destacando la hipocresía que presidía los años sesenta, y lo hace usando el tono y ritmos adecuados, con viveza, gracia y cariño, pero sin terminar de cerrar bien la historia, por lo que el resultado final no es redondo.

"Delicado" pretende hablar de la perfidia y de los ochenta. Ni lo uno ni lo otro. Habría que ampliar mucho el objetivo para ver deslealtad o traición en el relato, la misma que pueda encontrarse cualquier otra historia, pero nunca decir que lo protagoniza. Y los acontecimientos históricos mencionados conectan al relato más con los setenta. Los verdaderos vínculos con la década siguiente son la materialización de la expresión confundir la libertad con el libertinaje, literario en este caso, y el homenaje al inolvidable protagonista de "El misterio de la cripta embrujada" y "El laberinto de las aceitunas".

"Terminal" presenta como únicos nexos con la actualidad estar datado en el verano de 2008 y un par de menciones al gobierno socialista. Salvados esos detalles, podría transcurrir en cualquier tiempo y lugar. Y, por hablar de la muerte de un imaginado personaje relevante y terminar con una reflexión sobre la pervivencia del legado de un artista, por extensión de cualquier persona, no se puede pretender que un cuento esté protagonizado por la transcendencia, como era la intención de Manuel Longares, si el estilo empleado es frívolo, cuando no caricaturesco, y se desperdician además evidentes oportunidades para profundizar y conmover.

Acabo como empecé. Una obra menor, muy bien escrita pero decepcionante. Y es que cuando uno oye cuatro cuentos y espera encontrar de nuevo un ramo de girasoles ciegos.

lunes, 26 de diciembre de 2011

"Las crónicas de la señorita Hempel", de Sarah Shun-lien Bynum


La unidad del catálogo de una editorial es inversamente proporcional al tamaño de la misma.

La intervención de más personas en el proceso de selección de las obras que han de publicarse, más la asunción de nuevos intereses, contribuyen a que se difuminen los criterios originales que dirigieron la labor editorial.

Un poco de envidia sana es inevitable, pero lo normal es que se celebren los triunfos ajenos cuando son merecidos. Sinceramente, yo me alegro si a el/la/los/las responsable/s de Libros del Asteroide les va cada vez mejor. Sólo pido que no sea, por favor, a costa de perder la seguridad actual de saber que, al abrir un libro suyo, encontraremos una novela elegante, inteligente, sencilla e intemporal.

Por eso le he pedido a los Reyes Magos "Los amigos de Eddie Coyle" y me han regalado, por mi cumpleaños, "Trifulca a la vista".

Con una escritura formal y ortodoxa, aparentemente inocente, en realidad afilada gracias a una adjetivación precisa, Sarah Shun-lien Bynum logra que esas características le sean aplicables a "Las crónicas de la señorita Hempel".

Esta obra es como una hermosa rapaz, con una agudeza visual sobrehumana, que al principio aletea con fuerza para alcanzar altura suficiente desde la que después controlar el entorno y atisbar a sus presas, dando vueltas y vueltas, manteniéndose con algún, ya esporádico, batir de alas, sin decidirse a atacar, prefiriendo descubrir y disfrutar la belleza del paisaje.

La autora comienza autoafirmándose, arremetiendo, demoledora y cáustica, contra todos los que la rodean, mostrando en ese primer capítulo unas intenciones que no va a mantener, un tono insostenible. A partir de ahí se tranquiliza y, sin perder nunca la fina ironía, el humor, esa acidez se edulcora y se imponen otros sentimientos, la nostalgia y la ternura.

Leer "las crónicas de la señorita Hempel" es leer una versión revisada, actualizada y refrescante de John Irving. También una versión desleída, rebajada.

La técnica narrativa de Sarah Shun-lien Bynum es la vista anteriormente en "Libertad para los osos", "La epopeya del bebedor de agua", "Hotel New Hampshire", "El mundo según Garp" u "Oración por Owen". Esa que se enseña en los talleres literarios, mas sin la profundidad, complejidad, el desarrollo ni el recorrido de las obras mencionadas; capítulos cerrados y rematados, que funcionarían perfectamente como relatos, cuyo conjunto conforma un collage, una historia quebrada, inconexa, con saltos temporales y, aparentemente, sin objetivo definido, salvo causar una impresión general abierta a interpretaciones.

Además incluye esas referencias autobiográficas que en un autor novel resultan fastidiosas, debilitan sus méritos y provocan dudas sobre su capacidad creativa, y que sólo se le perdonan al más obsesivo y autoreferido de los autores, que ha demostrado, a lo largo de su carrera, una imaginación pletórica, además del valor terapéutico de la literatura.

Como se publicita, Sarah Shun-lien Bynum es una meritoria promesa a seguir, y "Las crónicas de la señorita Hempel" no desentona ni desmerece el catálogo de Libros del Asteroide. Cumple los requisitos para su inclusión, gusto, juicio, facilidad de lectura, pero un escalón por debajo de otra obras escritas por autores consagrados.

Más información sobre "Las crónicas de la señorita Hempel"