viernes, 13 de abril de 2012

"Ventajas de viajar en tren", de Antonio Orejudo

Después de ver qué piensa de los críticos (páginas 75-76), habría que ser un osado para lanzar cualquier opinión sobre las obras de Antonio Orejudo.

Por otro lado, callar amilanado habría supuesto ignorar sus enseñanzas, incurrir en el mismo error que su protagonista femenino, confundir al narrador con el autor, o a éste con alguno de sus personajes.

Además no creo que se moleste si digo que "Ventajas de viajar en tren" me ha gustado mucho, y que me lo he pasado requetebién leyéndolo.

Lo primero que leí de Antonio Orejudo fue "Reconstrucción", y me maravilló. UN NOVELÓN, así con letras mayúsculas. Sin duda está entre los libros de los cuales guardo mejor recuerdo*, en cuanto a singularidad y calidad literaria. Eso significa que este señor me tiene ganado. Que muy mal, y muchas veces, lo tiene que hacer para que cambie mi parecer. 

Entusiasmado, se lo regalé a mi hermano. Él, agradecido, me devolvió la sugerencia con un ejemplar de "Fabulosas narraciones por historias", en la versión definitiva de Tusquets Editores, la cual sorprende por diferente, gamberra, original e irreverente. Pero también, aún revisada, muestra un ritmo desigual, y continúa innecesariamente estirada, dispersa y distraída, en el tramo central.

Fue él también quien me habló muy bien de "Ventajas de viajar en tren". Cuando, en su momento, lo publicaron Alfaguara y Círculo de Lectores, había dejado pasar la oportunidad. Ahora, reeditada por Tusquets Editores, he subsanado el error.

Una vez leída, dónde la colocamos. A dios gracias, hasta ahora la tendencia de Antonio Orejudo es la de mejorar. Por eso, y por supuesto, "Ventajas de viajar en tren" no alcanza el nivel de "Reconstrucción".

Respecto a "Fabulosas narraciones por historias" las dudas podrían surgir pero, aunque ésta tenga sus méritos, sea divertida, ofrezca un punto de vista novedoso y demuestre valentía, "Ventajas de viajar en tren" es más madura, más sólida y coherente; mejor concebida, estructurada y resuelta; con detalles del mismo despiadado sentido del humor; e igual de bien escrita.

Y eso que su lectura genera cierta inquietud, al no saber si se está ante unos relatos más o menos artificialmente vinculados para dar apariencia conjunta de novela, o ante una obra articulada en capítulos susceptibles de una existencia autónoma.

Que tampoco pasaría nada, tan buena es una opción como la otra. Pero la falta de sinceridad penaliza y genera suspicacia, sobre todo si se trata de engañar innecesariamente en lo superficial.

El dilema se resuelve al final. Es en ese colofón entre cervantino y econino, donde el protagonista evidencia que su locura tiene más en común con la del monje Jorge de Burgos que con la de Alonso Quijano, donde están las claves catalizadoras que aclaran todas las pistas diseminadas en el resto de los episodios anteriores, y que decantan la solución hacia la segunda alternativa. La que opta por considerar "Ventajas de viajar en tren" una entidad única.

La que estima que dicha ambigüedad era intencionada, provocada con cada una de las divisiones titulada y su propia voz. Que se trataba de camuflar la unidad conceptual esencial. Es más, que esa estructura de partes relativamente autónomas era la necesaria para explicar, desarrollar y transmitir el recado.

Un comunicado, profesional, existencial y vital, para nada ético o moral. Un mensaje hermético y rechazado, de obsesión o de pasión, de locura o de lucidez, de vergüenza o de orgullo, de miedo o de valor, de sufrimiento o de gozo. Una maldición o un privilegio.

A falta de leer "Un momento de descanso", por ahora comparto la opinión de sus editores. Los libros de Antonio Orejudo, siendo todos ellos muy distintos, componen el corpus coherente de uno de los narradores más brillantes en lengua castellana.

*Con "Galindez" de Vázquez Montalbán"Vida de San Francisco de Asís" de Álvaro Pombo.

Más información sobre Antonio Orejudo y "Ventajas de viajar en tren".

miércoles, 4 de abril de 2012

"El Método", de Juli Zeh

"El Método" pasará, está pasando o, publicada en España va para casi un año, ha pasado ya totalmente desapercibida. 

Con esa portada, tan blanca, tan aséptica, tan desangelada y disuasoria, tan consecuente, difícilmente se anime un posible comprador a abrirlo y descubrir que su autora ha ganado montones de premios. Y son premios importantes, no como los de aquí, creados por las editoriales para intentar (engañar) vender más.

En el norte ya se sabe que no le dan un premio a cualquiera. Allí, de Pirineos para arriba, no se dejan presionar, ni están sujetos a intereses, modas o cupos. Allí simplemente se premia a quien se lo merece.

Tampoco a nadie le entran ganas de sostener un ejemplar, darle la vuelta y leer que continúa la tradición de distopías clásicas como "1984", "Un mundo feliz" o "Fahrenheit 451", que es lo mismo que decir que esta a ese nivel. Qué osadía.

Juli Zeh ha tenido una buena idea. A partir de ella plantea cuestiones relevantes y aborda temas calientes en Occidente, candentes en este país. Unos, generales y abstractos, la libertad individual o las sociedades entendidas como seres vivos, sobrevuelan implícitos. Otros conflictos más concretos son los directamente analizados, la compatibilidad de los intereses generales con los particulares, la legitimidad del estado para restringir, invadir, adoctrinar o educar a los individuos, los posibles límites del  derecho de éstos a usar, disfrutar o abusar del propio cuerpo, la concurrencia en su delimitación de factores económicos, políticos, éticos, religiosos o de simple convivencia.

Con todo ello, Juli Zeh elabora, cuando quiere, un discurso inteligente, preciso en la definición de conceptos y en la construcción de argumentos, cuya principal virtud es evidenciar las enormes complejidades que estos asuntos comportan. Por eso resultan decepcionantes el planteamiento,  simplón, maniqueo y tendencioso, o la complaciente, estética, fácil y obvia conclusión. Y no es ése el mayor problema. 

Salvo por la concisa y esperanzadora presentación o un simbólico rincón clandestino, la historia discurre en fundamentalmente en tres escenarios interiores. La quimera propuesta, presidida por un único principio absoluto, es elemental e instrumental, sencillamente un entorno propicio malogrado. La elegancia, sencillez, pulcritud y ahorro tan acordes proporcionan una coreografía muy efectiva, en la que lo fundamental son las conversaciones, no los actos. Los personajes son pocos, alegóricos y afectados, brochazos planos de colores vivos, inertes marionetas que se limitan a dialogar, discutir o debatir de forma categórica y sentenciosa. 

La sensación final que queda es que Juli Zeh se equivocó de género. "El Método" resulta como novela corriente, esquemática e incompleta. Como texto filosófico no daría la talla. Y el ensayo que pudiera surgir  sería burdo y partidista.

Lo más acertado hubiera sido presentarlo en forma de obra de teatro, y tal vez así hubiera quedado digna.

Más información sobre "El Método" y página oficial de Juli Zeh

martes, 27 de marzo de 2012

"Mujer abrazada a un cuervo", de Ismael Martínez Biurrun

Todo es extraño en Ismael Martínez Biurrun. Insólitos son sus libros, los cuales abordan temas sorprendentes, procuran ambientes lóbregos y son orlados con portadas raras, acertadas por sugerentes, elegantes las de Salto de Página, incongruente y disuasoria, inmerecida la de la laureada "Rojo alma, negro sombra". Singular es el lugar que ocupa en el paisaje literario patrio. Única, audaz, sugestiva es su propuesta. Excepcionales y eficaces los frutos. Misterioso que todavía una gran editorial no le haya convencido.

Mejor para los de Salto de Página, que lo aprovechen. Mucho mérito tienen al haber descubierto y alentado la originalidad de este autor que, en "Mujer abrazada a un cuervo", mezcla con acierto y sin que se le corte la emulsión, diversos géneros. El Terror Gótico clásico, el Thriller Médico convencional, la Novela Histórica tradicional, una Ciencia Ficción liberada de preocupaciones, en la que el rigor científico es superado a base de soluciones sencillas proporcionadas por la Fantasía, todos ellos conviven con normalidad.

Cada género tiene su espacio, su tiempo, una misión que cumplir y, también, unos tópicos, revisados pero reconocibles, que aportar. El resultado recuerda a "El libro del juicio final" de Connie Willis por la existencia de elementos comunes, a la vez que reclama su originalidad con profundas diferencias. Es una historia lograda, amena y bien resuelta a pesar de algún desvarío dramático extirpable que, por momentos, hace temer el fracaso de la empresa. 

Tal vez la novela no sea perfecta, mas cuál lo es. Se le pueden poner algunos peros, pequeños, como inevitables lugares comunes, escenas innecesarias o licencias argumentales. Y hay que señalarlos porque  es obligado ser exigente con quien se tiene la convicción de que puede hacerlo impecable.

No obstante, estas pegas ni ocultan ni superan los méritos y aciertos, que son más y mayores. Entre estos están una trama trabajada, equilibrada en su complejidad, que se sostiene bien desarrollada y con un ritmo cuasi constante. Una inesperada preocupación estética, un compromiso con el lenguaje superior a lo habitual, que proporcionan fortaleza, cuerpo y elegancia al texto. Y unos personajes en los que se percibe el esfuerzo por singularizarlos, dotarlos de personalidad y dibujarlos perfectamente, dejando Ismael Martínez Biurrun sólo uno de ellos simplemente esbozado, difuso, obligado por la intriga.

Estamos, pues, ante un autor prometedor, ya reconocido mas todavía relativamente joven, con mucho tiempo aún por delante. Seguro que Ismael Martínez Biurrun, con sus tres primeras novelas, no ha ofrecido lo mejor que puede llegar a dar. Tampoco cabe duda que, cuando se centre en construir una historia sólida, más austera si es necesario pero carente de soluciones fáciles, cuando controle sus pasiones, evite desvaríos y reprima vicios, cuando madure, entregará a sus editores magníficos productos.

Con dicha esperanza es con la que vamos ansiosos a comprar "El escondite de Grisha", y comprobar si definitivamente ha dado con la tecla, o, por lo menos, sigue recto camino de eso.

martes, 20 de marzo de 2012

"La devoción del sospechoso X", Keigo Higashino

"Colombo" era, y sigue siendo, ahora en Nitro creo, una misteriosa maravilla. El encanto de su protagonista no es suficiente explicación del éxito de unos capítulos en los que se repetía sistemáticamente la estructura, en los que se sabía desde el principio quién era el asesino y dónde no había duda de las capacidades del teniente para desenmascararlo.

Quizá su secreto estaba en que sus guionistas iban por derecho, con la verdad por delante y las cartas boca arriba. Sin trampa ni cartón se mostraba la comisión del crimen, el posterior encubrimiento, la fabricación de una coartada o la eliminación de posibles pruebas. Tareas todas ellas inútiles, porque luego llegaba Colombo y asistíamos al duelo intelectual con su contrincante, disfrutábamos el persistente acoso, acorralamiento y derribo final.

En "La devoción del sospechoso X" el lector va a encontrar esta misma fórmula, básicamente traicionada. El resultado puede que produzca unos efectos similares en cuanto a entretenimiento, mas deja cierto regusto amargo en paladares sutiles y exigentes.

La pretensión de Keigo Higashino querer ir un paso más allá, de no conformarse con importar la receta trasladándola a una cultura ya no tan ajena ni exótica, adornándola con unos personajes de ojos rasgados o la pretenciosa y fallida épica de un combate mental entre dos protagonistas con capacidades superiores, le lleva a quebrar el compromiso fundamental de lealtad con el lector.

Esta nueva vuelta de tuerca propuesta no provocará que ésta se pase de rosca, mas no tiene mérito alguno porque no es tal. Es una trampa, una burla obrada con medias verdades y una gran elipsis. Y no me refiero a la sucesión de ingeniosas y certeras celadas cuya existencia está justificada en el legítimo intento de engañar a los investigadores y, con esa disculpa, al lector.

Tampoco las verdades parciales que exclusivamente van destinadas al que está a este lado del papel, la verdad sea dicha un par tan sólo, serían graves delitos, ni siquiera faltas leves, sino útiles herramientas de las que puede servirse lícitamente un escritor, si no se hubiera postulado éste, en las primeras cincuenta páginas, como adalid de la sinceridad y de ir de cara. 

Incluso, siendo generosos, se podría tolerar como recurso la esencial omisión que sustenta gran parte del mérito que pueda tener el argumento, si no fuera porque el sostenimiento de tal mentira implica un desarrollo superficial de los personajes. Keigo Higashino reconoce, en un fundamental, polisémico y esclarecedor diálogo, que no son más que engranajes. Cierto, y algunos de los que él ha utilizado chirrían a causa de lo forzado que está el mecanismo. Los comportamientos están condicionados por la efectividad de la artimaña ideada por su creador. Los que no son convencionales son manifiestamente artificiales en su proceder, y la introversión endémica del carácter nipón no es explicación suficiente de sus personalidades. Únicamente, cuando todo se ha aclarado, son libres para mostrar sentimientos naturales y reacciones esperadas por obvias.

Si Keigo Higashino quería de verdad haber sorprendido debería haber mostrado por fin a la mujer de Colombo. Una discreta belleza oriental, sumisa, obediente, callada, un rostro milagrosamente joven, hermoso, sereno, enmarcado por una lisa, morena, larguísima melena. Pero "La devoción del sospechoso X" únicamente desconcierta como la demostración de que dos millones de japoneses también pueden equivocarse.

Puestos a leer una historia japonesa semejante en algunos aspectos, pero mucho más sincera, mejor probar con "Out", de Natasuo Kirino.

Más información sobre "La devoción del sospechoso X" y Keigo Higashino.