miércoles, 12 de septiembre de 2012

"Relato soñado", de Arthur Schnitzler.


Uno va a la librería, se aproxima a la estantería y lo primero que cree ver es un ejemplar de Stefan Zweig. Cuando lo tiene entre sus manos se da cuenta de que no. Es de Arthur Schnitzler, la cuarta edición. Y por la solapa descubre que, aunque casi veinte años mayor, fue un contemporáneo suyo, también austriaco, también de Viena, también judío. Y presume que eran de la misma cuadrilla y se los imagina en una tertulia compartiendo sus escritos con una pizca de nata montada en los bigotes.

Quien se acerque a este cuento, que es lo que "Relato soñado" es, por concepción, estructura, desarrollo de la historia, diseño de los personajes e intenciones didácticas y moralistas, con la esperanza de encontrar algo similar a Stefan Zweig verá satisfechas sus expectativas. Lo cual, por otro lado, sirve de disuasoria advertencia para los que lo aborrecen, que abundan.

Los hay que consideran a la acomodada burguesía europea de finales del XIX y primer tercio del XX un fenómeno que habría que extirpar de la memoria, mientras otros lo consideran, no por nostalgia, atractivo, estético, estimulante y digno de análisis. No todo va a ser novela social. El compromiso se puede manifestar de diferentes maneras, o tener distintos objetivos.

Los gustos cambian. Donde unos ven precisión, profundidad y matices, otros ven afectación, manierismo y parsimonia. Los estilos, los argumentos, los planteamientos pasan de moda. Pero la inteligencia, la perspicacia o el sentido común no.

"Relato soñado" es, no por culpa de la impoluta traducción de Miguel Sáenz, un relato desigual donde lo más contemporáneo es lo más clásico y tradicional. Sin embargo, lo más osado o transgresor, los episodios sicalípticos y carnavalescos que inspiraron a Stanley, Tom y Nicole, o los recursos oníricos, son lo que peor ha envejecido.

Dispar también su avance. A un comienzo esperanzador, preciso, conciso, que vaticina un lúcido estudio sobre la fragilidad de la condición humana, sierva de sus miedos y anhelos, le suceden unas escenas eróticas manidas, propias de un viejo verde, llenas de recurrentes imágenes de disfraces y máscaras, bajo los cuales se esconden deseos, traumas y obsesiones.

Recupera Arthur Schnitzler la sagacidad con el sustancioso sueño y las reflexiones que provoca, acerca de la tolerancia con los impulsos propios y, en cambio, la severidad de juicios y condenas ajenas inmisericordes, consecuencia de los prejuicios, las inseguridades y temores. Pero la resolución y la moraleja final son conformistas y decepcionantes. Intenta a lo largo del relato combatir y cuestionar los convencionalismos y ataduras sociales, mas no logra liberarse de ellos ni proponer alternativa.

"Relato soñado" es similar a alguna de las obras de Stefan Zweig. Similar formal y contextualmente, muy distinta en intenciones, preocupaciones, objetivos y, sobre todo, en los resultados.

Arthur Schnitzler, éste al menos, es más burdo, menos fino, con menos recursos que el Stefan Zweig de "Novela de ajedrez" o de "Mendel el de los libros", también que el de "Amok", "Los ojos del hermano eterno" y "Carta de una desconocida", mucho más profundo, más actual, más poliédrico y menos obvio. Más centrado en las personas, en sus ideas y comportamientos éste, más obsesionado por los instintos el otro.

Más información sobre Arthur Schnitzler y "Relato soñado".

martes, 4 de septiembre de 2012

"Los amantes" y "Voces que susurran", de John Connolly.

Tusquets Editores tiene previsto publicar en septiembre "Cuervos", la undécima novela que el gran John Connolly ha escrito sobre el detective Charlie Parker. En el Reino Unido salió a finales de mes pasado la duodécima, "The wrath of angels".

Así que este verano, como iba un poco retrasado, ha habido que apretar. A Salinas me llevé "Los amantes", y a Conil "Voces que susurran".

John Connolly es lo más novedoso y, junto con el más clásico Philip Kerr, lo más sólido y apetecible que pueden leer los aficionados al género negro. Sus obras combinan el respeto, la obediencia, la comunión con la ortodoxia y la osadía de aventurarse por la senda mefistofélica abierta por "El ángel caído", de William Hjortsberg, a quien rinde homenaje con el nombre de uno de los principales secundarios de la saga.

El resultado es verosímil, no grotesco como le ocurre a Fred Vargas. Las diferencias están en que John Connolly integra los elementos irreales con naturalidad, que éstos siempre están supeditados a la historia, nunca al contrario, y que por supuesto no son atajos ni argucias para salir de embrollos argumentales.

En sus relatos hay víctimas, pero no hay héroes, lo más protectores o vengadores. Hay abogados, policías, camareros, traficantes, contrabandistas, alguna prostituta y el consiguiente chulo. Todos ellos, tipos duros y mujeres que no se achantan así como así, protagonizan diálogos ácidos y afilados. Hay matones, psicópatas, asesinos por encargo, en serie, o de niños. Y también hay otra categoría de seres. Unos apenas son percibidos como sombras o apariciones. Otros con más éxito logran alcanzar o volver a este mundo, ocupando o infectando algún cuerpo.

Su personal y original estilo también se aparta de, o aporta algo a, la lealtad al género. Independientemente de su relevancia, John Connolly se molesta en describir detalladamente cualquier personaje, en contarnos su historia, pese a que ésta no vaya a ir más allá de un par de páginas, y aunque la presentación ocupe más espacio que su presencia en la narración. Y lo mismo ocurre con los escenarios. Cada pueblo, local o paisaje reclama y merece su esfuerzo. John Connolly les hace el trabajo sucio a esos autores que van directos al grano. Sus retratos e imágenes se quedan en la memoria y son útiles para rellenar los huecos que dejan los otros.

Por otro lado, mientras la mayoría de los compañeros de  John Connolly  no plantean dilemas éticos, o éstos son sutiles y accesorios, o presumen de criaturas amorales, Charlie Parker está inmerso en disputas entre el bien y el mal en diferentes vertientes. Conceptos tales como la culpa, el pecado, redención, condena, remordimiento, venganza, incluso cielo e infierno, o ángeles y demonios tienen una presencia muy relevante en la saga, que por momentos orilla peligrosamente el maniqueísmo.

Aunque sus novelas soportan una lectura independiente, ni "Voces que susurran", ni menos aún "Los amantes" son las mejores elecciones para iniciarse en la obra de este autor. Lo recomendable, lo más respetuoso con el compromiso y el empeño de John Connolly, es leerlas por orden de publicación. Es así como se asiste al nacimiento de un mito y a la construcción del universo que lo rodea, como se garantiza su plena comprensión y la admisión de las venias.

Este consejo se convierte en advertencia para el caso de las primeras cuatro novelas. "Todo lo que muere", "El poder de las tinieblas", "Perfil asesino" y "El camino blanco" constituyen una unidad con un fascinante debut, dos meritorios episodios y un colofón colosal, que requiere del conocimiento de los antecedentes.

Completada esta tarea, John Connolly se enfrentó a una disyuntiva, y dudó. Primero se dejó llevar por las fantasías espectrales más oscuras, en "El ángel negro". Luego dio marcha atrás. Recuperó el equilibrio en "Los atormentados", y demostró con "Los hombres de la guadaña", historia protagonizada por los secundarios de lujo y en la que Charlie Parker tiene un papel residual, que era capaz de escribir un gran libro prescindiendo de lo irreal o espiritual.

Es con una lectura ordenada como, en definitiva, se obtiene la información capital sin la cual un lector novel de "Voces que susurran" es imposible que quede satisfecho, que obtenga respuesta a cuestiones fundamentales que John Connolly da por sobrentendidas o ya explicadas. Y peor será para uno que lo primero que lea sea "Los amantes" el cual, sin haberse empapado de la atmósfera y carente de contexto, concluirá que es inconsistente, si no ridícula.

Pero la lectura sistemática de la saga de Charlie Parker también delata que "Los amantes" es rutinaria y decepcionante. Una obra de transición, con la que John Connolly, atorado e indeciso, aprovecha para atar cabos que habían quedado sueltos, justificar alguna circunstancia secundaria, o solucionar la cuestión de la recuperación de su licencia de detective. Ni siquiera el desenlace es la coreografía precisa que los fieles esperamos, sino una versión capada en su mayor parte y  resuelta con apatía.

Con "Voces que susurran" parece que definitivamente John Connolly se ha decidido por seguir la vía infernal y fabulosa, pero sin ahondar ni profundizar, más preocupado por contar una buena historia que por buscar la tensión o provocar emociones. Mucho más trabajada que la anterior y más comprometida que las demás, manteniendo las virtudes del conjunto, el problema de "Voces que susurran" está en que no tiene nada de original o sorprendente. Todo se ha leído ya anteriormente. Tanto los personajes como las localizaciones, las situaciones, los ambientes o los diálogos, son combinados afanosamente en una nueva fórmula para conformar infructuosamente una historia diferente, pero que suena igual.

Esto puede ser entendido de dos formas. Una que, lamentablemente, por unas razones u otras, John Connolly muestre unos tenues, pero preocupantes síntomas de agotamiento. Otra que sus seguidores estemos malacostumbrados y ya no nos resignemos con más de mismo, por mucho que sea igual de bueno que lo anterior.

Más información sobre  John Connolly, "Los amantes" y "Voces que susurran"

viernes, 27 de julio de 2012

"Rehenes", de Stefan Heym.

Menudo lío tienen montado en Editorial Funambulista. 

Otras editoriales pequeñas, como Libros del Asteroide o Impedimenta, demuestran tener bien definida una línea editorial que garantiza a los lectores lo que se van a encontrar al abrir un ejemplar suyo.

Si los de Editorial Funambulista simplemente hubieran optado por el eclecticismo la decisión sería respetable, y valiente la asunción del riesgo que supone generar inseguridad en el comprador. Las sorpresas pueden ser buenas, pero también malas, y a uno le puede gustar aventurarse confiado en las propuestas del editor o recelar temeroso por la incertidumbre.

El problema va más allá. Indagando en su página descubres que hay varias colecciones, lo cual no aclara nada. Navona editorial también tiene hasta cinco colecciones y se percibe la coherencia tanto en cada una como entre todas, además de guardar una práctica y conveniente uniformidad externa. En cambio, lo de Editorial Funambulista es un caos en el que no se ve, en unos casos, el criterio aglutinador y, en otros, la razón de la existencia de alguna categoría. Además, físicamente, los ejemplares de la misma colección son diferentes y los que pertenecen a colecciones distintas son similares.

Unos libros atractivos y elegantes, eso sí, pero son mírame y no me toques. No hay en el mercado otros que menos soporten tenerlos entre las manos, que se ensucien más y envejezcan peor.

"Secretas injusticias" y "El danés serbio" son títulos cuyo buen recuerdo han hecho que ahora abriera "Rehenes". Al parecer, a pesar del aspecto parecido en un caso e idéntico en otro, cada uno pertenece a una colección distinta. Éste último a una colección que alterna los libros de papá, con los de japonesas contemporáneas, o los de jóvenes añosos españoles con los de exitosas púberes francesas. O naturalistas con malditos.

"Rehenes" es publicitado como El mayor best seller durante la II Guerra Mundial en EEUU. Quizá sea una pena que, en su momento, fuera imposible su publicación en la España franquista, donde era inaceptable un discurso tan explícitamente nihilista o idealista, además de antibelicista y socialista. Setenta años después, demasiado tarde para redimir injusticias, lo que tenemos entre las manos es una historia maniquea y envejecida con un mensaje anticuado y polvoriento.

El relato tiene un ritmo desigual, que arranca ágil, aunque tópico, para después, sometido a toda la ideología que tiene que acarrear, avanzar a trompicones previsibles. Tanto el argumento, una sucesión de escenas artificiales y efectistas, como los personajes, arquetipos reconocibles por repetidos, rígidos e incómodos, son, uno, un mero armazón predecible que engarce y justifique los alegatos lanzados por, los otros, unos instrumentos de propagación ideológica.

Tampoco los alegatos han soportado mejor el paso del tiempo. La diatriba libertaria y antifascista, por incontestable, no genera debate. El existencialismo está más que consolidado como para que ahora suponga polémica alguna. Y en cuanto a las referencias utópicas a un nuevo mundo que está por llegar, si Stefan Heym se refería al ejemplo de su querida RDA, no hay añoranza más rancia, fracasada y superada. Si, por otro lado, se quiere entender como una alusión a soluciones socialdemócratas más moderadas y actuales, sí que ahí para gustos están los colores.

Hay dos autores, dos auténticos best seller de la época, que, aunque continuamente me los encuentro a muy buen precio, nunca me han llamado la atención: W. Somerset Maugham y Lajos Zilahy, precisamente éste tratando de ser recuperado por Editorial Funambulista por medio de la Biblioteca Lajos Zilahy. Leer "Rehenes" no ha conseguido otra cosa que reafirmarme en la idea de la carencia de interés de autores que por alguna razón están olvidados, por mucho que vendieran en su momento.

Puestos ha recomendar una buena historia, menos ideológica, más moderna, real, ambigua y contradictoria, que poco tiene en común con "Rehenes" salvo el telón de fondo, el momento y la ciudad que son los que me la han recordado, es "La hora estelar de los asesinos". No sé cómo se habrá vendido, si fue mucho o poco, qué importa eso.

Más información sobre Stefan Heym y "Rehenes".

miércoles, 18 de julio de 2012

"Claroscuro", de Nella Larsen

Un libro muy, pero que muy, interesante este "Claroscuro". Todo un acierto el de Contraseña, otra pequeña editorial maña, su descubrimiento para los lectores en castellano.

No la llamaría novela. Y no sólo por su tamaño, ciento noventa páginas menos treinta y seis del prólogo de Maribel Cruzado Soria. Quita también el título, la dedicatoria, la cita, los encabezamientos de cada una de las tres partes, la nota final de los editores y el índice. En total, poco más de ciento cuarenta, con caracteres New Baskerville de buen tamaño.

Ni siquiera novelita. Por su eficaz sencillez, por lo austero de su planteamiento, o por lo directas que son las intenciones de la autora, "Claroscuro" es un cuento largo. Incluso estaría más cerca de ser una pieza teatral, ya que la ausencia de acción, la sobriedad de escenarios, junto con el imperio de los gestos y palabras de los personajes, facilitan su transcripción al medio dramático.

Nella Larsen, parecer ser, se dijo voy a escribir poco pero lo voy a hacer bien, concisa y elegante, cuidando la sintaxis. A Nella Larsen le gustaban las joyas, y quiso crear su propia gema, elemental, pura. El color era lo de menos, siempre que fuera hermosa, brillante, precisa, afilada. Y con muchas facetas donde reflejarse.

El resultado es una historia aparentemente íntima y doméstica, que aborda y disecciona las ambiciones, esperanzas, deseos y temores que cimientan la construcción y desarrollo de cada proyecto familiar, o los pulsos, tensiones, dudas y crisis que gobiernan la evolución de las relaciones de pareja. Por encima, el objetivo fundamental es el de concienciar al lector sobre conceptos como el de la discriminación o el de la conciencia de raza, lo que es muy instructivo para los privilegiados desconocedores de su existencia.

Aunque sea una historia básicamente de mujeres, y de mujeres negras, "Claroscuro" no es ni feminista ni combatiente con la causa racial. Es una obra que supura sensibilidad y sentido común. Piedad no. La autora demuestra que tanto que los hombres somos previsibles y medrosos como las mujeres, además de complejas y apasionadas, son también complicadas e impulsivas; que tanto los blancos eran brutales e injustos, y los negros agraviados, como las comunes debilidades, miedos y pasiones los igualan.

El gran mérito de Nella Larsen está en la objetividad en la exposición. Construye unos personajes provistos de los matices necesarios para sus (de ella) intereses. Colocados en situaciones meditadas, ofrecen el abanico completo de alternativas, fundamentan argumentos opuestos, y suscitan preguntas que permiten la reflexión, el debate y el análisis. Y para no decantar las conclusiones hacia un lado determinado, no es misericordiosa con  ninguna de sus criaturas. Ni tampoco fue una mujer feliz.

Las similitudes personales con el personaje que, aunque narrada en tercera persona, establece el punto de vista de la narración, hacen pensar que hay mucho de autobiográfico en esta historia. Si además es especialmente inclemente con dicha figura, sobre todo a partir de la segunda parte, la conclusión es que era dolorosamente lúcida, consciente de sus defectos, y que la literatura fue la purga, la terapia o su penitencia auto impuesta.

Una posdata para Pepa Linares, la bregada traductora, a falta de mayor responsable de un título un tanto burdo, y poco sutil. Es posible que el original sea intraducible, que su versión literal carezca de sentido porque gran parte del mismo se pierda en el tránsito, o que una opción más respetuosa carezca de atractivo, pero a quién se le ha ocurrido un título tan poco sutil. Si no es tarde aún, ofrezco una alternativa para una ediciones futuras, "Café con leche".

Sinopsis, y más información sobre "Claroscuro" y Nella Larson.